Lenta pero firmemente, los tamberos vuelven a ponerse en escena. Lejos de la actitud de hace un año atrás, que se consolidó para el promedio de 2012, los productores lecheros buscan hacerse valer a través de la materia prima, intentando el simple manejo del mercado.
A una semana de la reunión informativa de la Mesa Nacional de Productores de
Leche, su coordinador sentó las bases de la realidad en LA OPINION. “Hay
diferencias entre productores que hay que aclarar. Están los que piensan que con
una Ley se soluciona todo, sin embargo de la Ley no se sabe nada, por lo tanto
no se puede confiar en que la cuestión lechera va a estar atada a un instrumento
legal que no se sabe lo que dice”. Del otro lado están los tamberos que ya no
creen en los supuestos oficiales; y a esos representa la MNPL, a cargo de Julio
Aimar.
Cada actividad tiene que dejar dividendos para ser posible; y ese es el mayor
problema de la lechería a lo largo de su historia en el país, donde la tierra y
el clima dan mucho, aunque a veces golpean, pero donde la política no ayuda
nunca.
“Para tener el mismo valor adquisitivo que teníamos en 2007, tendríamos que
estar entre 2,17 y 2,20 pesos, sin embargo recién se podría llegar en promedio
este mes a 1,68 por litro. Es tanto el defecto que hay en el tema que se hace
imposible pensar en una actividad rentable con estos valores”. A pesar de esto,
los funcionarios del área relatan otro espectro, pero lo que vale es lo que
pasa. “El estudio de la competitividad prometía, en palabras del Ministro Yauhar
que a partir de eso se iban a dar las medidas correctivas de la actividad, donde
la parte comercial es la que se lleva la mayor parte de la ganancia, pero
lamentablemente nunca más nos llamaron, no hicieron nada en absoluto. Por ese
motivo creemos que eso está en el cajón de algún secretario poderoso que evita
que esto se corrija, porque la cadena la plata para pagarle mejor al tambero la
tiene, el problema es que está mal distribuida”. La referencia de Aimar se da en
cuanto al estudio de competitividad que se encuadró en las promesas de Jorge
Videla para levantar los piquetes de agosto. Con fecha de presentación en
septiembre, luego a fin de octubre y ahora indefinida, la medida quedó en la
nada, aunque haya involucrado al Minagri y a la cartera nacional de Hacienda.
Como todo, como siempre.
Aimar relata que “la industria se queja porque tiene los precios pisados en la
planchada de fábrica, pero por otro lado convive con el comercio, porque
evidentemente hacia abajo nada se traduce como positivo. Si nosotros medimos la
variación interanual de la leche fue de 37 por ciento, del alimento balanceado
93 por ciento, siendo un insumo esencial para nosotros. Hemos tenido un 38 por
ciento a nivel de combustible, en energía un 30 por ciento”, por lo tanto, “es
tan palpable, tan demostrable el efecto que tiene la producción en la distorsión
de la cadena, que sería muy fácil hacer estas correcciones siempre que haya
voluntad política, pero yo no veo que la haya, porque una cosa es lo que
permanentemente se proclama y otras son las que se llevan a cabo.
Permanentemente se está hablando de cosas cambiadas, porque cuando éramos todos
productores y nadie estaba sentado en la Subsecretaría de Lechería, teníamos
seis banderas. Tres herramientas que hacen a la liquidación única, laboratorios
independientes y precio de referencia, de las cuales sólo se puso en marcha la
primera; y en parte. Después teníamos el sistema de fijación de precios para
terminar con la unilateralidad ejercida por las industrias frente al productor
que entrega su leche y no la vende aceptando cualquier pago, también la
transparentación de la cadena comercial y el balance entre la oferta interna y
externa”. Pocos avances, ínfimos resultados.
Los tamberos de la MNPL conocerán en Suardi los detalles de las cifras
sectoriales. Hoy el promedio del litro de leche en las góndolas de los
supermercados ronda los seis pesos, por lo tanto “acá no se trata de producir
mucho o poco, sino de distribuir como corresponde”. Entonces Aimar explica que
actualmente, el productor tambero participa en los precios de góndola en un 27
por ciento, con lo cual se favorece exclusivamente la concentración, por lo cual
el tambero chico precisa una política especial y específica, que atienda las
diferencias ante los más grandes que siempre tendrán renta diversificada para
subsistir.
“Hay que ponerse a trabajar seriamente entre industria, producción y Estado,
donde no hay un problema entre los dos primeros, sino que hay que incluir a la
distribución, al comercio, pero claramente esto a alguien le molesta mucho y no
se da nunca, generándose una liberación en la fijación de precios”. Aimar es
concreto, “lo que hay que lograr es que la distribución económica en este
negocio, se fije por la participación de cada uno, que para los tamberos debe
ser del 37 por ciento, pero lamentablemente apenas recibimos el 27, o el 25, muy
cerca de donde habíamos llegado en 2009, con el 24 por ciento a partir de lo
cual se debieron establecer las compensaciones para poder corregir la carencia
de ingresos que teníamos”.
Una realidad que avanza, una industria que reconoce la meseta que podría contar
tres años de corrido y una falta de promoción exportadora y del crecimiento que
tendería a devastar la originalidad y el valor más anclado de la lechería en los
pueblos de cada cuenca.